miércoles, 29 de abril de 2009

Desbordes.

El agua pareciera inundar cada rincón de la casa, como si hubiera un rio. Y mientras uno busca la solución para no ahogarse trata de salvar lo poco que queda de uno mismo. El tiempo transcurre y el agua va llenando cada pedacito que le falta... y si... las cosas para salvar van siendo cada vez menos. De repente... nos empezamos a cegar, como si tuviéramos una venda en los ojos que no nos deja ver que es lo mas importante de todas las cosas que tenemos, que merecen ser salvadas. Uno siente que en el momento de elegir que es lo mas conveniente sacrifica muchas cosas, pero la pregunta crucial es, que son esas cosas? Cosas materiales, cosas que no son indispensables para salir de tal crisis. Ellas son las que parecieran ocupar gran parte de nuestras prioridades, y dejamos atrás lo que verdaderamente importa. En ese estado anímico, en el cual el cuerpo...el alma mejor dicho, sufre, sentimos como si el agua nos desbordara por completo y se nos extravía la simple acción de mirar para un costado, mientras intentamos salvar cosas que no son necesarias para empezar de nuevo después de este desborde, nos estamos olvidando de los recuerdos y de esos momentos. Nos detenemos mientras el agua ya nos va llegando hasta el cuello y vemos la cantidad de fotos inundadas en sonrisas que vamos olvidándonos en el camino, cada palabra que ya no es pronunciada, la cantidad de consejos que fueron necesarios para cada situación de sufrimiento, o cuando simplemente necesitábamos esa palabra de aliento que nos permitió seguir caminando en medio de tanta oscuridad y hoy cuando mas necesitamos de esas cosas, para no dejar de respirar nos las estamos olvidando. De manera espontánea mientras ves como el agua que te tapa absolutamente todo se lleva cada pedazo de tu vida se te van las ganas de vivir, de poder salir de esa inundación, en ese preciso momento bajas los brazos. Te detenes cinco minutos, y ves toda tu vida pasar, y te das cuenta que todavía tenés motivos por el cual seguir luchando; miras para un costado y ves millones de salvavidas a tu alrededor entonces es ahí cuando aprendiste a vivir con todos tus desbordes, sabiendo que siempre hay un motivo para seguir de pie, para seguir respirando.